Son las 7.25, como cada mañana, mi mente y yo caminamos por la playa. Mi mente está muy negativa y no cesa de replicar los aspectos críticos que observa en el día que estamos a punto de asaltar.
Me apetece muchísimo empezar a correr, pero mi mente hoy es puro obstaculo e intenta convencerme de que estoy mayor y cansado, y que si lo intento voy a volver a lesionarme. Y por si no fuese suficiente, me anticipa un fracaso profesional en el día porque hoy recibo a dos familias chinas, y el chino es un cliente difícil de tratar con el que solamente he podido hacer dos negocios en veinti cinco años.
Mi mente está desatada y no para de repetir: Pau, es una mañana de mierda de un triste martes; además, ya sabes: martes, ni te cases ni te embarques. Estás cansado y mayor, hace frio, vámonos a casa. Y cancela tu cita con los chinos, que no sabes ni en qué idioma te van a hablar; es muy complicado hacer negocios con ellos.
De repente, una densa y misteriorsa niebla se apodera de la playa impidiendo la visión; segundos después la extraordinaria niebla levanta, y ¡Oh, Dios mío! ¿Pero qué es esto? Cientos de barcos destructores, barcazas, tanques y miles de soldados están en el mar intentando llegar a la playa. Una lluvia de proyectiles salen disparados desde los destructores en dirección a un par de búnkeres desde los que varias ametralladoras MG-42 están arrasando a los soldados que intentan llegar a la arena. Mi reloj indica que es 6 de junio de 1944, y no hay lugar a dudas, estoy en la playa de Omaha y los miles de cuerpos que flotan en el agua son soldados americanos de la 28.ª división de infantería. El espectáculo es dantesco; hay decenas de jóvenes estadounidenses con miembros amputados caminando por la playa, intentando salvar las alambradas mientras son acribillados. Un joven soldado se acerca hacia mí sujetándose las tripas con la mano y gritando: ¡¡Mum, Mum!!… Desde uno de los búnkeres aparecen 3 soldados encendidos en llamas gritando en alemán mientras son cosidos a balazos, hasta que finalmente, un proyectil lanzado desde un destructor acaba reventándolos a los 3, poniendo fin a su sufrimiento…
De nuevo la mágica niebla y segundos después vuelvo a tener delante la preciosa playa de la Pobla. ¡Vaya tela!, exclamó. ¡Eso sí es una mañana de mierda!
Inmediatamente decido obviar a mi mente y trato de desconectarla. Ella se resiste, quiere gobernarme, pero a medida que consigo desactivarla, empiezan a suceder cosas maravillosas en la playa. Una bandada de pájaros dirigida por un auténtico líder dibuja unas formas en el cielo azul que parece que quieren decirme algo; cada forma es una letra y decido apuntar. Después de 2 minutos, los pájaros se marchan y leo el mensaje que su maravillosa sincronización me ha transmitido: “LA VIDA ES PA TU”.
Un poco más adelante, ya en la playa del Puig, veo a un grupo de gente haciendo fotos a un par de personas de unos 60 años que están en la orilla del mar vestidos de blanco y azul vaquero. Van corriendo el uno hacia el otro para terminar abrazándose mojados besándose como si no hubiese mañana mientras suena una canción preciosa. ¿Qué sucede? Pregunto a una mujer. —¿No lo sabe? Responde ella. Son los protagonistas del mítico anuncio de «Azur de Puig». Se conocieron hace 30 años en el rodaje del anuncio un martes, y desde entonces, nunca se han separado, tienen 3 hijos y un nieto que nacieron en martes, y han decidido reeditar el anuncio y casarse hoy martes en esta playa del Puig… —Ohhh my god!! qué historia más bonita.
Continúo paseando y de repente, veo venir hacia mí corriendo a un runner con una barba “Panoramix” que parece muy mayor, pero está muy fuerte y lleva un muy buen ritmo. A medida que se acerca, voy dándome cuenta de que es realmente anciano; finalmente, al pasar junto a mí, puedo leer un mensaje que lleva escrito en su camisa: “Tengo 113 años, mamón”. —Hostia puta, será cabrón el abuelo… Y qué fuerte está…
Detrás de él, una mujer china se acerca en bicicleta disfrutando del maravilloso paisaje. —¡Buenos días, Messi! Me grita: —Pero si es Xun Li —me digo a mí mismo, la chica del bazar del pueblo. Todas las semanas voy a comprar cosas, y siempre bromeo con Xun Li: —¿No me haces un descuento? Le digo siempre, y ella me contesta: «No me legatees, Messi, no me legatees…», jajajaj, qué graciosa es. Nunca me hace el descuento, y ella cree que siempre sale ganando, pero la sonrisa de un chino es algo muy bonito de ver y eso vale mucho dinero, así es que ese es mi descuento. ¿Quién ha dicho que no hago negocios con los chinos? Los hago todas las semanas con Xun Li, y además es maravilloso, me lo paso genial…
Termino mi paseo en la playa de Puzol; estoy yo conmigo mismo en estado puro, sin mi mente. Mi mente es muy necesaria en mi vida, me protege y me cuida, pero es temerosa, solo quiere certidumbres y huye del riesgo, y esto le hace ser demasiado negativa muchas veces. Es como el casco de un motorista; le protege, pero con él puesto es imposible disfrutar por completo del paisaje. Para poder observar y apreciar al máximo la belleza de todo aquello que nos rodea , es necesario quitarse ese casco de vez en cuando, todo lo que hay más allá, es absolutamente maravilloso…