¡BIENVENIDO MÍSTER JONES! ❤️

 

Desde hacía ya un tiempo caminaba por nuestra calle un gato en muy malas condiciones físicas. Un cruce de gato persa, despeluchado, muy sucio y con cara de malote. Que más que caminar, deambulaba por la urbanización con una notable debilidad; iba dejando a su paso heces líquidas, vómitos y babas. Era evidente que el gato tenía alguna enfermedad grave.

 —Mira ese gato qué mal está, papá —me dicen mis hijos. —No os acerquéis —les digo, mientras doy una pisada fuerte en el suelo para ahuyentarlo. ¡Fuera, gato! Le digo una y otra vez, día tras día, intentando hacer que se vaya. No quiero que mis hijos lo intenten acariciar, o que entre a nuestra casa y pueda contagiar alguna enfermedad a dos gatos que tenemos adoptados en la parcela. No sabemos si puede tener sarna o cualquier enfermedad rara.

 Todos los vecinos le huyen por su mal aspecto. Alguien envía fotos del animal a una persona de nuestra urbanización que se encarga de controlar colonias de gatos, y finalmente esta acuerda hacer una reunión con otras vecinas para tomar decisiones. La posición del grupo es unánime: hay que llevarlo al veterinario y muy probablemente habrá que sacrificarlo debido al estado lamentable en que se encuentra.

Finalmente, el 11 de septiembre entran en el veterinario con el felino. El gato ya está fichado en la clínica porque otra vecina de la urbanización lo había llevado en otra ocasión. Además, ya lo había bautizado; el gato se llama: Mr. Jones

 El veterinario decide hacerle una placa de urgencia porque respira muy mal. Les explica que el gato está muy malito, pero decide que hay que darle una última oportunidad y suministrarle antibiótico y antiinflamatorio durante 10 días a ver si responde, y si no lo hace, desgraciadamente, habrá que dormirlo. Tiene sida felino y tiene la boca destrozada por un carcinoma. No puede comer pienso, y no puede limpiarse.

 Las vecinas se coordinan y forman un equipo para darle comida húmeda mezclada con los medicamentos, siendo conscientes de que puede ser inútil, pero entendiendo que vale la pena intentarlo. Un grupo de WhatsApp facilita el seguimiento del enfermo. Ha comido por aquí… Yo lo he visto por allá… Está tranquilo y tumbado… El gato desahuciado está más controlado que nunca.

 Contra todo pronóstico, Mr. Jones responde muy bien al tratamiento y empieza a moverse con más vitalidad; ya no deambula, ahora camina. A los pocos días de ingerir los medicamentos, se le ve subido a un pilar limpiándose; se pasa horas, incluso días lamiéndose… como si lo llevase deseando hacer desde hace mucho tiempo y su maltrecha boca no se lo hubiese permitido debido a la inflamación.

 Mr. Jones mejora cada día a buen ritmo; cada vez tiene más energía y ya se mueve como el resto de gatos de la calle; incluso atisbo en él cierto grado de liderazgo; parece que empieza a “romper la pana” en su territorio.

 Llego de trabajar y, al bajar del coche, me encuentro a Mr. Jones en la calle. Me vienen a la mente las veces que le he invitado a que se fuese; es la misma escena de muchas otras veces, pero esta vez ya no soy hostil con él, incluso le susurro, y en ese momento Mr. Jones se acerca ronroneando y restregándose por mis piernas, dándome golpecitos con su cabeza mientras maúlla, dejándome claro que no es un gato malvado ni mucho menos, todo lo contrario, y demostrándome lo estúpido que puede llegar a ser algunas veces el ser humano.  De nuevo, un pequeño animal dándome una auténtica lección. No se puede juzgar a nadie por sus apariencias; detrás de una mala imagen puede haber un gran corazón pasándolo mal. Mr. Jones estaba sufriendo muchísimo y solo necesitaba un poco de cariño y atención.

 Por cierto… a Mr. Jones le han cortado el pelo y todas las rastas y nudos que arrastraba y lo han dejado superguapo. Su enfermedad es incurable, pero a pesar de ello va a poder ser durante algún tiempo uno de los líderes felinos de la urbanización, un líder feliz al que todos quieren. Me alegro muchísimo de poder decir: ¡Bienvenido, Mr. Jones!

¡Feliz Navidad y próspero año 2026!

 

Pd: Gracias al grupo de mujeres que decidieron que había que hacer algo para detener el sufrimiento de nuestro protagonista, y a todas aquellas personas buenas que se dedican a hacer lo mismo en otros lugares.

 

 

 

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