La semana pasada mi madre y mi mujer me explicaron que los Reyes Magos no existen, que siempre han sido los padres, y que desde que convivo con mi mujer es ella la que hace el paripé; así lo acordó con mis padres el primer día que vino a cenar a casa, hace ya 23 años.
La noticia hizo añicos la magia de la Navidad y me destrozó el corazón, hasta tal punto que tomé carrerilla en el salón de casa de mi madre y me lancé por el balcón haciendo el salto del ángel para acabar con todo.
La mala suerte hizo que los bomberos estuvieran debajo de la casa de mi madre con una cama hinchable, porque justo el piso de abajo, el de doña Encarnita, había sufrido un fuerte incendio.
Doña Encarnita ya reposaba mirando boca arriba en la cama desplegada por los bomberos cuando yo estaba todavía en el aire.
Doña Encarnita es una anciana de 93 años; su rostro reflejaba todavía el pánico habitual en este tipo de situaciones, pero todo cambió cuando alzó la mirada y me vio haciendo el salto del ángel a punto de abalanzarme sobre ella. —¡¡¡Uaaaaaauuu!!! Suspiró la anciana…
Caigo encima de doña Encarnita, me abraza y me besa. Doña Encarnita es virgen y cree que soy un ángel que ha venido a cumplir su deseo de los últimos 70 años; intenta quitarme la ropa, pero los bomberos la detienen y la sacan de la cama.
Durante todos estos días he pensado mucho en doña Encarnita. ¿Y si el ángel fuese ella en lugar de yo? ¿Y si doña Encarnita, al escuchar mi desconsuelo y mis amenazas de lanzarme por el balcón, hubiese incendiado su propio piso para forzar a los bomberos a venir a rescatarnos a los 2? ¿Y si el abrazo y los besos solo hubiesen sido de alegría por haberlo conseguido? ¿Y si el quitarme la ropa solo hubiese sido para regalarme un suéter de ciervos de esos que te regalan las abuelas en Navidad?
La magia de creer en los Reyes Magos la habré perdido, aunque fue bonito mientras duró, pero a mis 45 años sé que hay un derroche de magia en muchas personas, especialmente en las mayores, que incluso a esta edad que hoy alcanzo tienen muchas cosas que enseñarnos, siguen siendo nuestros ángeles y guardianes, y en gran parte son muy culpables de que hoy pueda estar escribiendo esto.
¡¡¡¡Gracias a todas las Encarnitas y Encarnitos del mundo!!!! En especial a las mías y míos. ¡¡Que viva doña Encarnita, y todos aquellos que tienen tan buen corazón como ella, que son muchos y tan especiales como los grandiosos Reyes Magos!!