A mediados del mes de agosto, apareció en nuestra piscina una libélula de un color rojo anaranjado, muy llamativa y realmente bonita, con una forma de volar muy elegante. Aterrizó en el borde de la piscina y decidí acercarme a ella de forma sutil, aprovechando una pequeña tabla de corcho en la que estaba subido. Justo en ese momento me encuentro de vacaciones, relajado, desconectado…Ambos estamos muy cerca el uno del otro, y parece que el mundo se detiene.
La libélula se deja observar, me llama la atención que no se achanta con facilidad. En varias ocasiones cuando la distancia ya no le parece segura, despega con fuerza y da un rodeo a la piscina a una velocidad explosiva, para colocarse en un lugar más prudente, pero cerca de mí.
Desde ese día “Libe”, así la bautizamos, viene a la piscina todos los días, siempre cinco o diez minutos más tarde de que lleguemos nosotros, sea la hora que sea. Parece que nos oye y alza el vuelo para venir a estar con nuestra familia. Cada día revolotea a nuestro alrededor y se posa en el borde de la piscina como si le gustase observarnos. Es absolutamente puntual, jamás falla a la cita.
Los niños día tras día se van encariñando de Libe, y creemos que ella de nosotros, hasta el punto de que uno de esos días llega a posarse por un segundo en la cabeza de mi hija, como si quisiese jugar con ella. Incluso cambia su vuelo habitual alrededor de la piscina y zigzaguea pasando por dentro, entre nuestras cabezas.
El último día antes de salir de vacaciones Libe faltó a su cita, los niños estuvieron toda la mañana esperándola, incluso habían preparado unos dibujos de libélulas para colgarlas en la piscina, pero Libe no apareció. Al día siguiente durante el trayecto a nuestro destino los niños preguntaban acerca de su ausencia. ¿Qué crees que habrá pasado papi? ¿Se habrá ido a otro sitio? ¿Se habrá muerto?
Decidimos ya en el hotel conectar y obtener información sobre las libélulas y descubrimos que son seres absolutamente fascinantes que llevan más de 350 millones de años habitando la tierra. Sus ojos están formados por más de 30.000 cristales, y pueden llegar a morir de miedo, por estrés, lo que indica claramente que sienten. Además, leemos que primero viven como ninfas debajo del agua, y que su vida adulta ya como insectos no es muy larga. Nuestra admiración por Libe crece exponencialmente a la vez que nuestro pesimismo aumenta, entendiendo que Libe ha podido marcharse para no volver. Los niños están algo tristes…
Días después, llamo a la persona que nos ayuda en casa para preguntarle como va todo. -Bien, bien, me dice ella. – todo en calma, no ha llovido. Eso sí, ha entrado un bicho rojo volando en casa y no tenía forma de sacarlo, finalmente ha salido por la puerta de la cocina. No le iba a contar nuestra relación con Libe porque quiero que siga viniendo a ayudarnos a casa, pero me dio una de las mayores alegrías que me he llevado en los últimos años, que emoción y que contentos se iban a poner mis hijos.
Al regresar a casa, volvimos a nuestra rutina, a nuestros baños en la piscina, y como no, a jugar de nuevo con Libe, que el primer día que nos vio estaba excitadísima, dando vueltas y vueltas, y pasando muy cerca de cada uno de nosotros como si quisiese decirnos: Ehh ¿Dónde estabais granujas? Eso no se hace…
De nuevo Libe es un reloj y nunca falta al encuentro, los niños disfrutan mucho al verla, somos conscientes de que algún día ya no vendrá y apreciamos cada momento con ella…
…Han pasado ya bastantes días desde la última vez que la vimos, y, sin embargo, no puedo dejar de pensar en ella. Que un ser tan diminuto y diferente a mí, haya aparecido para mostrarme algunas cosas que yo no estaba siendo capaz de ver, me parece increíble.
El día que vino Libe, yo había desconectado ese piloto automático que nos guía en el ritmo frenético que nos impone el día a día, y eso me permitió notar su presencia, incluso valorarla muy positivamente. Que importante es que pilotemos nosotros la nave, que seamos conscientes, que apaguemos de vez en cuando el teléfono, el ordenador, que bajemos la guardia, y que nos dejemos atrapar por las muchas cosas maravillosas que suceden a nuestro alrededor a cada instante.
Lo más valioso que aprendí de Libe es que el lenguaje más importante no es el de la palabra, sino el de la ACTITUD. Libe no necesitó una sola palabra para ganarse nuestros corazones y nuestro respeto, tan solo necesito la magia que proporciona una actitud excepcional.
Que la tierra te sea leve amiga, gracias por este ratito…