Este es mi pequeño homenaje a la bien parida “Carraca”.
Vaya frenos de mano que instalan en los coches de hoy en día. Es insólito el daño que han causado a la sociedad española. ¿Qué ha sido de aquellos frenos de mano de palanca que te ahorraban un par de sesiones de gimnasio a la semana? ¿Qué ha sido de aquellos trompos a lo “Torete” en los parkings de las discotecas tirando de palanca y con toda la peña aplaudiendo y esperando a que te des una hostia para descojonarse? Y ese viaje a la playa, con su hora y media para aparcar… Y ese momento en el que le robabas el sitio a uno con matrícula de Madrid, y tirabas del freno de mano como si de un Valencia-Madrid se tratase… ¡¡A chupar, Amunt!!
Hoy en día, en los semáforos, la gente no para de darse de hostias; estamos todos muy quemados. Claro, no llevamos carraca. Eso antes no pasaba. Antes nos insultábamos en el semáforo y tirábamos bien fuerte de la carraca para bajar a darnos de hostias, y era escuchar ese ruido celestial que hace la carraca cuando la tiras bien tirada, y bajabas del coche a abrazarte e irte de cañas. La carraca rebajaba tensiones y servía para socializar. Sí, señor, las bodas de hoy en día están repletas de buenos amigos forjados en los semáforos, gracias a la bien parida carraca.
De hecho, si en las mesas de los premios “Oscar” hubiese habido una carraca, no se habría visto a Will Smith dándole una hostia a Chris Rock. Se le habría visto tirando varias veces de la carraca y echando humo por la nariz… nada más…
Y si Puigdemont hubiera tenido una buena carraca en su despacho, no hubiera declarado la independencia por 56 segundos. Le hubiera llamado Rajoy y le hubiera dicho: ¡¡Trata de frenarlo, Carles, por Dios!! ¡¡¡Trata de frenarlo!!!
La carraca solo tenía una contraindicación: cuando te querías pegar un achuchón con la novia en el coche, cualquier error de cálculo podría ser fatal. Cuenta la leyenda que en los años 80 una pareja subió al castillo de Xàtiva a enrollarse, y como la carraca molestaba, decidieron quitarla. Al terminar el acto, el coche apareció en la Llosa de Ranes (el pueblo de al lado). El chico, al bajar la ventanilla y leer el nombre del pueblo, le preguntó a la chica: —¿Tú de dónde eres, reina? —Yo, de la Llosa —dijo ella—. Pues ale, ya puedes bajar que estás en casa. —¡¡¡Uaaauuu!!! —exclamó ella. ¡¡Es el coche fantástico!! A pesar de que era un 127 abollado por todas partes. Total, que la chica se enamoró perdidamente del chico, y ambos se casaron y tuvieron un perro y un hijo. Al perro lo llamaron Kitt, y al niño Michael Knight.
En fin… Hoy mismo, mi médico me ha prohibido tomar fritos, dulces, y ya el colmo de los colmos, ME HA PROHIBIDO LA CERVEZA. ¿Y qué le he contestado yo?
¡¡YEEEEEE, TIRE LA CARRACA, DOCTOR, ¡¡TIRE LA CARRACA!!