Hace muchos años que decidí retirarme de la fiesta. Un buen día escuché mi último tema en la pista, me encendí el último cigarrito (al revés, por supuesto) y me alejé de los focos para siempre. Antes de dejar la disco, me cambié la camiseta con el guardia jurado, subí al coche, cambié el CD de Tina Cousin por el de Mari Trini y puse rumbo hacia el horizonte en búsqueda del raciocinio y del equilibrio.
Me costó bastante desengancharme de la fiesta. Me gustaba esperar a las abuelas de mi finca en la apertura automática de la puerta del ascensor para asustarlas con el ¡!UH AH!! de Chimo Bayo. Así estuve durante varios meses hasta que una de ellas me arreo con el bolso en la cara y ese día se me acabó la tontería y la fiesta.
Dejé la fiesta con orgullo, con un gran palmarés de grandes premios a mis espaldas, pero con una pena tremenda, la de no haber podido alcanzar el sueño que tanto perseguí. En aquella época la gente soñaba con asistir al aniversario de una discoteca famosa, o con llevar el mejor equipo de música del parking, pero mi sueño siempre fue otro, y desde luego muy distinto.
Durante muchos años recorrí casi todos los parkings de las discotecas conocidas de Valencia en busca de mi preciado sueño. Un sueño complicado, pero no imposible, algo que estoy seguro de que me hubiese llenado de felicidad… de auténtica felicidad. ¿Y cuál era ese sueño que tanto busqué? Pues mi sueño siempre fue encontrarme con una cuadrilla de chinos en el parking de una discoteca y hacerme colega de ellos. Llámame raro, pero eso tiene que ser “canela fina”.
Esos colegas chinos con sus gorritas del revés y sus camisetas de Spook Factory colchón tienen que dar mucho juego en la noche valenciana Siempre me he preguntado cómo sería estar con ellos en la pista. ¿Cómo saber si iban o no contentillos? ¿Y cómo sería que nos parase la Guardia Civil con uno de mis coleguitas al volante? Impunidad absoluta, seguro:
-Buenas noches. ¿De dónde vienen, caballeros?
-De Lokola
-JJ ¿Y a dónde se dirigen?
-A Balaca a escuchal limembel
-😂😂🤣🤣 (Guardia civil en tierra partiéndose la caja sin poder ejercitar sus funciones)
Siempre adoré la posibilidad de celebrar mi cumple con mis colegas chinos en la famosa discoteca “El Torero”. Eso tendría que ser un espectáculo de la naturaleza, ver a mis colegas de rodillas cantando su mítica canción con su compleja letra: “Tolelo, tolelo, tolelolelolelo” y a mí partiéndome, y deseando que no hubiese ningún tipo con cara de “lelo” alrededor, permanente o circunstancial, para evitar discusiones improductivas… No puede haber mejor regalo de cumpleaños. Es probable que fuese el último cumpleaños de mi vida, pero qué bonito sería morir de risa junto a mis coleguitas.
En fin, dicen que los sueños, cuando los persigues, se cumplen, y yo sé que algún día mis hijos o quizá mis nietos me llamarán y me dirán: Iaio, vente pacá que están aquí, y ese día acudiré raudo y veloz al encuentro de Chen, Quim, Fum y Fah, y en ese instante encenderemos para siempre la hoguera de la amistad.